Este blog está destinado para la asignatura de Expresión Plástica del Grado de Educación Infantil de la Universidad de Sevilla. Con él queremos transmitiros los conocimientos que hemos adquirido sobre la escultura contemporánea. Esperemos que os guste :)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

¿Qué es la escultura para niños?

¿DE DONDE PARTIMOS? DE LA PROPIA NECESIDAD DEL SER HUMANO DE EXPERIMENTAR LO QUÉ ES EL VOLUMEN?

En el mundo real el volumen es algo sencillo de comprender pues se relaciona claramente con aquella masa u objeto que ocupa un lugar en el espacio y que presenta una característica que lo define: su tridimensionalidad -es decir, que presenta altura, anchura y profundidad-. Si embargo, el volumen es algo más: es la percepción personal e intransferible del mundo que vivimos y que es posible desarrollar expresivamente en la educación visual y plástica.

En definitiva, toda nuestra comprensión del volumen y del espacio proviene de nuestras experiencias, y de ellas, las más importantes, son las de nuestra infancia.



LA EXPERIMENTACIÓN DEL VOLUMEN EN LA INFANCIA:

Si observamos la experiencia infantil nos daremos cuenta de que los niños/as en las edades más tempranas comienzan a distinguir las cosas que les rodean porque las tocan, las cogen, las palpan, se las llevan a la boca, en definitiva porque las manipula. Basándose fundamentalmente en los sentidos de la vista y el tacto comienzan su conocimiento del mundo. El lenguaje verbal vendrá luego y con él la significación de su entorno físico. Así pues, la manipulación de objetos concretos y cotidianos constituye la base del conocimiento humano porque a través de estas acciones físicas, se adquieren saberes y se interiorizan.




“Para poder ver y captar el mundo, debemos dedicarnos a conocer y determinar los signos característicos esenciales de la nociones espaciales y de volumen, así como las leyes relacionantes que los unen. Tras esto tendremos la posibilidad de orientarnos de una manera válida y útil.

El hecho de dejar huella de sí mismo, de dar a un material su propio sello individual, dominándolo y descubriéndolo, supone una enorme satisfacción para los niños/as de cualquier edad pero es determinante en la Educación Infantil, ya que descubren las propiedades de los objetos y las materias, comprueban su resistencia, perciben su textura, observan sus colores, descubren su peso y observan como se cumplen las leyes de la gravedad. Pero también, juegan y comprueban que tanto objetos como materias pueden llegar a dominarse, pueden: colocarlos en lugares, esconderlos, amasarlos, aplastarlos, transportarlos, en definitiva cambiar su aspecto y ubicarlos en determinados lugares.

La adquisión de algunos conceptos plásticos:

Por muy elemental que sea la expresión tridimensional siempre veremos el volumen acompañado del espacio, de la forma, de la materia y de la textura; cuatro constantes que ayudan a definirlo plásticamente y que también se corresponden en importancia con los procesos en el desarrollo infantil. Pero hemos de tener muy en cuenta como abordan los niños estos aspectos.

Los dos aspectos que mejor definen la tridimensionalidad: la forma y su espacio tienen una importancia relativa para los niño/as pequeños/as. De la misma manera que en sus garabatos y pre-esquemas gráficos lo que les interesa es el juego visual y motriz sobre la superficie del papel, y, por lo tanto, no conceden ningún valor la la forma dibujada y el espacio en el que la sitúan; cuando se interesan forma en volumen y el espacio que ella genera tampoco les preocupa si lo modelado - por ejemplo- realmente es un volumen.

Por lo tanto, para ellos lo esencial no es la forma sino la materia y tanto si se trata de arcilla, de plastilina, o de cualquier otra pasta de modelar, durante los primeros contactos con la materia los niños disfrutaran estirando, aplanando, hundiendo, golpeando....es decir, descubriendo y jugando con sus posibilidades y limitaciones.

Por ello en el interés que mueve al niño a modelar, el primer lugar lo ocupa la materia: su exploración, la acción para transformarla. Y esta fuerte motivación es la que debemos aprovechar para proporcionarles materiales con distintas texturas que permitan a la vez un enriquecimiento progresivo de la sensibilidad del tacto.
Por ello en el interés que mueve al niño a modelar, el primer lugar lo ocupa la materia: su exploración, la acción para transformarla. Y esta fuerte motivación es la que debemos aprovechar para proporcionarles materiales con distintas texturas que permitan a la vez un enriquecimiento progresivo de la sensibilidad del tacto.

Por lo que se refiere al espacio (evidentemente, no podemos hablar del volumen sin referirlo a un espacio) en la etapa infantil, cuando los niños/as trabajan con el volumen observamos la aparición de una cualidad intrínseca que se manifiesta, casi, como elemento único expresivo: su cosidad, su apariencia de bloque compacto- espacio compacto.

Aunque este cuerpo volumétrico en apariencia esté formado por la adición de otro elementos no podemos considerarlos como creadores de espacio. El espacio no interviene en la creación de la obra; está ahí pero no tiene suficiente significación plástica: Tiene, eso si, un significado importante cuando el niño/a lo utiliza como lugar de desplazamiento, distancia entre las partes, base sobre la que reposa o construye el objeto. Así pues, el espacio es un medio útil, significativo en su finalidad lúdica, perceptiva y cognitiva, aunque no guarde relación con el concepto del adulto. Pero no olvidemos que la experimentación con objetos y formas conduce directamente a los niños y a las niñas a establecer relaciones subjetivas con el espacio.

La primera relación espacial significativa: el nivel topológico (según Piaget) que define las primeras relaciones del niño con lo que le rodea de una manera próxima y que suele aparecer en el último ciclo etapa de Educación Infantil (4-6 años). Entre el primer y segundo ciclo de Primaria (6-8 años y 8-10 años, respectivamente), la consolidación de las relaciones espaciales -niveles topológico y proyectivo según Piaget- se distingue por el afianzamiento entre las formas elaboradas en la superficie de trabajo (el plano) y las formas conseguidas en vertical.


La asimilación de las acciones espacio-temporales se traducen en logros volumétricos que expresan movimiento. En definitiva, los alumnos experimentan mediante diversas técnicas tridimensionales -básicamente modelado y construcción- , su comprensión de determinadas relaciones espaciales: diferenciación entre la verticalidad y la horizontalidad, el equilibrio formal, la compensación de elementos, las dimensiones, los tamaños, las texturas,...Es la etapa de control espacial de los elementos y los materiales.


LAS DOS TÉCNICAS MÁS ADECUADAS: MODELADO Y CONSTRUCCIÓN:

Una de las experiencias más satisfactorias para los niños y las niñas es la creación de formas a partir de una masa -arcilla o similar- que les permita modelar y modificar su volumen inicial. El contacto directo con la materia dúctil produce muchas reacciones internas en el niño: le permite descargarse emocionalmente, propicia el desarrollo de su coordinación viso-motriz, lo relaciona con su medio, pero, sobre todo, le permite expresarse libremente. 
La utilización de la arcilla, por ejemplo, favorece el trabajo espontáneo pues sus características maleables animan al niño a hacer y deshacer sin sentirse limitado por una materia definitiva.

Pero debemos de tener en cuenta que para los niños más pequeños la forma modelada supone una gran dificultad para el niño, sobre todo, la necesidad de tener presente distintos puntos de vista en el mismo objeto. Por ejemplo, en la representación de la figura humana, los niños/as la resuelven en un primer momento, aplanando la figura sobre la superficie de trabajo; aquí es donde una buena acción educativa tiene que tratar de buscar la motivación necesaria para que el objeto, la figura, adquieran el concepto de verticalidad y vaya perdiendo protagonismo la “frontalidad”.

Será la práctica -frecuente, no esporádica- lo que permitirá que los niños/as descubran todas las posibilidades expresivas del modelado: modificar, transformar...sentirse creador de formas únicas y personales. El tacto deja de ser la única fuente de satisfacción y el juego se transforma también en gozo y placer visual. Finalmente el ojo y la mano colaboran en darle significación a la materia y se nivelan en importancia plástica.

Mediante la práctica del modelado los niños y las niñas descubren que pueden elaborar formas y es todo un logro para ellos conseguir elevarlas del plano , mantenerlas verticales y hacerlas reconocibles para otros. Estas formas, como unidades autónomas, también le permiten reconocer el espacio ocupado por el volumen como una forma de espacio lleno en el que cada cosa tiene su lugar .

Modelando, pensando en lo que se desea modelar, experimentando con las formas, adquiriendo información sobre lo que tocan y lo que ven, los niños y las niñas descubren que sus volúmenes modelados pueden ser compactos y ocupar un lugar pero también pueden agujerearse, perforarse , vaciarse.


El proceso mental previo al modelado diferenciará entre dos maneras de abordar la técnica: podrá elaborar una figura por síntesis -realizando por separado cada parte para unirlas después- o por análisis - la figura realizada a partir de un todo-, y ambas serán válidas. Porque, en ambos casos se desarrollan dos aspectos educativos fundamentales: la experimentación táctil y la comprobación visual.

Mediante el tacto se reconocen propiedades como la densidad, la resistencia, la humedad, la maleabilidad, la consistencia; y características texturales como, áspero, liso, rugoso, etc.

Mediante la vista se comprueban propiedades como la constancia de tamaño, relación entre diferentes partes, constancia de las formas, diferenciación entre formas, constancia del volumen, etc.

Precisamente esta constancia de volumen estará marcando la pauta para comprender que las formas modeladas pueden tener salientes, entrantes, pueden estar llenas, vacías o sus planos pueden presentarse cóncavos y convexos; también por sus características superficiales pueden reflejar la luz o producir sombra. Por otro lado, se mantienen en las formas modeladas aspectos como la proporción, el equilibrio o la dirección que, casi siempre, está relacionada con la expresión de movimiento.

Por su parte, la construcción plástica ha de entenderse como un espacio vivencial que permite la interrelación de las formas plásticas elaboradas por los niños/as con el mundo que les rodea, por ello, tiene un valor fundamental en las actividades expresivas infantiles. Para los niños es natural relacionar las formas con el espacio real, por ello la organización espacial en la tercera dimensión supone una afirmación de su percepción real del mundo. Los volúmenes construidos contienen un alto grado de imaginación y experimentación con materiales diversos y son sumamente atractivos para los niños y las niñas porque, para ellos, transferir la realidad a las tres dimensiones es, en cierta manera, poseer la vida, imitarla y abstraerla para apropiarse de ella.


                                   
El cultivo afectivo de la apreciación de las formas en el espacio, es decir, del volumen, desarrollará en el niño la necesidad de expresarse en la tercera dimensión sobre todo relacionándolo con la acción que le es más cotidiana y satisfactoria: el juego.

El juego espontáneo con los materiales es natural en el ser humano. En el niño, el juego con los materiales manifiesta su enorme interés en controlar, dominar y someter unos objetos que tiene a su alcance. A través de estas experiencias nace la expresión y la creación de nuevas formas


En el modelado, la satisfacción del niño surge de modificar la forma, con ello afirma su voluntad e impone su sello personal. En la construcción, el niño establece relaciones directas entre sí y los objetos, experimenta con ellos, satisface su curiosidad, juega con los materiales; ejerce su voluntad desplazando y ordenando las piezas de acuerdo con su imaginación y su fantasía. Así, del mismo modo que él sube a un mueble, así coloca una caja encima de la otra, y se identifica con ese objeto elevándolo, vive por proyección sus propias sensaciones de escalar, subir, bajar, del peligro vencido, del vértigo y del dominio.

Por supuesto, las diferentes etapas evolutivas por las que pasan los niños/as, influirán determinantemente en la manera de abordar la construcción. Cuando los más pequeños juegan con los materiales no lo hacen para construir algo sino para experimentar con las propiedades físicas de los materiales, con el equilibrio, el movimiento, la caída.


Mediante el equilibrio construye, levanta, organiza, despliega en extensión sobre una superficie los elementos de la construcción: cubos, cajas, materiales de desecho. Mediante el hueco o los intersticios resultantes puede observar lo que hay más allá de si mismo, acotando espacios próximos o interpretar circunstancias referidas a otros espacios más alejados. Pero siempre es el juego el aglutinante de estas acciones, igual que juega con sus amigos, lo hace con los objetos con los que construye. En edades tempranas, el niño experimenta sin una intencionalidad expresiva porque solo está jugando, incluso es muy corriente que, mientras construye, hable con los objetos, emita sonidos onomatopéyicos, mezcle juguetes y construcciones.

Los aspectos lúdicos en la construcción expresiva pueden manifestarse de manera solitaria o colectiva. Tanto una como otra acción son necesarias para el niño. En solitario se enfrentan de manera particular y subjetiva con todas las soluciones posibles. Colectivamente, se comunica con sus compañeros, aprende a compartir opiniones y a aceptar soluciones distintas a las que él daría, organiza esfuerzos y puede realizar construcciones más ambiciosas.

La Construcción, así, significa para el niño una acción lúdica y se manifiesta naturalmente, pero también debe significar un aporte a sus conocimientos más allá del simple disfrute.

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